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Como las emociones afectan a nuestra visión

La conexión entre nuestras emociones y la salud ocular es un campo fascinante que ha capturado la atención de investigadores y profesionales de la salud visual. 

Aunque a menudo subestimamos la complejidad de esta relación, los estudios científicos revelan que nuestras emociones no solo influyen en la forma en que percibimos el mundo, sino también en la salud física de nuestros ojos.

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El Estrés y sus Efectos en la Visión

El estrés, una emoción omnipresente en la vida moderna, puede tener un impacto significativo en nuestros ojos. La tensión emocional asociada con el estrés crónico puede desencadenar síntomas oculares, como la fatiga visual, el ojo seco y la visión borrosa

La conexión entre el estrés y el aumento de la presión intraocular también ha sido objeto de estudio, sugiriendo una relación entre el estrés emocional y el riesgo de desarrollar enfermedades oculares como el glaucoma.

Emociones Positivas y Salud Ocular

Aunque las emociones negativas pueden tener efectos adversos en la salud ocular, las emociones positivas también desempeñan un papel importante, que no podemos desdeñar, en la mejora de nuestra salud visual. 

La risa, la alegría y el optimismo han sido asociados con la liberación de endorfinas y la mejora de la circulación sanguínea, lo cual puede beneficiar la salud general de los ojos. Además, la relajación asociada con emociones positivas puede reducir la tensión ocular y disminuir la probabilidad de problemas como la fatiga visual.

Efectos de la Ansiedad en la Visión

La ansiedad, al igual que el estrés, se reflejan a menudo en indeseadas consecuencias negativas para nuestros ojos. Las personas que experimentan ansiedad a menudo tienden a parpadear menos, lo que puede resultar en ojos secos e irritados.

Además, la ansiedad puede contribuir a problemas visuales como la visión borrosa y la sensibilidad a la luz, afectando la calidad de la visión.

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La perspectiva del Método SOMA

En nuestra experiencia con el Método SOMA, hemos observado de manera consistente cómo las emociones y la programación mental influyen de manera directa en la visión.

A través del Método SOMA®, hemos abordado los síntomas de pacientes con problemas de visión, y al mejorar estos otros síntomas, también se constató en algunos casos mejoras sorprendentes, incluso en algunos se alcanzaron mejoras, que ya no se requieren gafas.

En Método SOMA® queremos destacar que operamos con programas mentales, y que los efectos físicos son consecuencia de un cambio en dichos programas. Por eso, cuando una persona adopta la creencia limitante de que su visión no puede mejorar, erige una barrera significativa que obstaculiza su progreso.

Este enfoque integral no solo desafía mitos arraigados, sino que también abre la puerta a la posibilidad real de una mejora sustancial en la salud visual.

Es común creer que la visión inevitablemente se deteriora con la edad, y que las únicas soluciones son la cirugía o el uso de anteojos. Sin embargo, esta percepción es incorrecta, la vista puede mejorar con enfoques terapéuticos diferentes.

Muchas personas mantienen la creencia limitante de que, inevitablemente, a partir de los 40 años se necesitarán gafas debido al inicio de la presbicia. Sin embargo, hace apenas 30 años, la presbicia solía manifestarse alrededor de los 50, lo que implica que hemos perdido aproximadamente 10 años de calidad visual.

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Desmitificar la creencia de que el deterioro visual es inevitable después de cierta edad nos invita a considerar la influencia significativa de nuestro entorno y hábitos en la salud ocular, proporcionando una perspectiva optimista sobre la posibilidad de mantener una visión nítida a lo largo de los años.

Los primeros antecedentes

Remontándonos en el tiempo fue el  Dr. Charles Kelley uno de los pioneros en examinar la conexión entre los síntomas visuales y las emociones no procesadas. 

Sus hallazgos, junto con otras investigaciones, permitieron inferir interesantes correlaciones entre las emociones y los tres problemas visuales más comunes como la miopía, presbicia y astigmatismo. 

La eminente Dra. Ainhoa de Federico, ha recopilado años de estudios y evidencias sobre esta cuestión, observando la correlación directa entre emociones y trastornos visuales.

Miopía y Emociones

La miopía, que afecta la visión de lejos, se manifiesta como un filtro de inseguridad en la percepción de la vida. A menudo surge en momentos estresantes de la vida, especialmente en la juventud. 

La percepción insegura del futuro conduce a comportamientos precavidos y prevenidos. Suele asociarse  a eventos como el nacimiento de un hermano o cambios significativos. Liberar estas tensiones emocionales puede contribuir a mejorar la miopía.

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Presbicia y Emociones

Contrariamente, la presbicia, que afecta la visión de cerca, refleja una dispersión de energía hacia los demás, descuidando el autocuidado. La mirada nostálgica, enojada o culpable hacia el pasado indica una pérdida de interés en la propia vida. 

Superar la presbicia implica redirigir la energía hacia el egoísmo positivo, colocándonos en el centro de nuestra existencia y haciendo ajustes para que la vida sea nuevamente emocionante.

Astigmatismo y Emociones#

El astigmatismo, vinculado a la confusión, surge cuando la autenticidad se sacrifica para complacer a los demás o cumplir expectativas externas. La distorsión de los valores personales se refleja tanto en la percepción de uno mismo como en la vista. 

Abordar el astigmatismo implica cultivar la autenticidad constante, cuestionándonos sobre nuestras verdaderas intenciones y actuando en sintonía con nuestra autenticidad.

Nuevos enfoques

La relación entre emociones y visión es innegable. Desde los pioneros como el Dr. Kelley hasta las investigaciones actuales con el Método SOMA® o de la Dra. de Federico, se evidencia que abordar la salud ocular requiere un enfoque multidimensional que integre la liberación emocional, la optimización de la energía y la desmitificación de creencias limitantes. 

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Al entender y actuar sobre esta conexión intrincada, damos pasos significativos hacia una visión clara y un bienestar duradero.

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