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Cómo impactan las Nuevas Tecnologías en las Emociones y las Relaciones Interpersonales

La era digital y las nuevas tecnologías han tejido un complejo tapiz emocional en el ámbito de las relaciones interpersonales. Estamos experimentando cambios tan rápidos que, sociológicamente y psicológicamente, no tenemos tiempo de adaptarnos y definir nosotros mismos las reglas del juego, por lo que estas están siendo impuestas desde el exterior.

 En este artículo explicaremos cómo estas innovaciones impactan tanto a la juventud contemporánea, inmersa en la vorágine de la conectividad digital, y como a las generaciones más experimentadas, que han presenciado la evolución de las interacciones humanas a lo largo del tiempo y que hoy en día se ven forzadas a adaptarse o a aislarse.

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Juventud Hiperconectada y Sin Límites

Para la juventud de hoy en día, las nuevas tecnologías son el eje central de su día a día. Hablamos de generaciones que desde los 4 años están “trasteando” con los teléfonos, tabletas o consolas de sus padres y que han crecido rodeados de estas herramientas. 

Estas tecnologías son el nexo que une sus mundos. La conectividad instantánea a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería ofrece un catálogo infinito de posibilidades de interacción prácticamente instantánea. Hoy en día, la población más joven pasa más de 7 horas al día conectado a la pantalla y carecen de recursos fuera de la tecnología para disfrutar de tiempo de calidad.

Esto ha amplificado las oportunidades de establecer conexiones sin barreras de distancia y les ha permitido acceder a perspectivas diversas sobre la comunicación. Además, esto ha hecho que las nuevas generaciones crezcan reinando en el mundo digital, el cual hoy en día es el principal recurso buscado por las organizaciones.

La tecnología y su influencia 

Sin embargo, las tecnologías también han hecho que la población más joven valore cada vez menos la comunicación “humana” y que no sea consciente de sus movimientos en la red. ¿Si nosotros aceptamos sin mirar las cookies y regalamos nuestros datos como esperamos que no lo hagan nuestros hijos? 

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Desafíos en la Autenticidad

La virtualidad a menudo desafía la autenticidad de las interacciones. Aunque la tecnología ha expandido el alcance de las relaciones, también ha propiciado relaciones superficiales que se desvanecen con la misma rapidez con la que se crean. 

Hoy en día, es evidente el peso emocional que tienen las redes sociales sobre los más jóvenes. Enfermedades como la depresión o ansiedad cada vez son más frecuentes entre sus usuarios debido a la comparación constante y la valoración del contenido publicado a través de los likes o los comentarios.

La falta de conexión real afectiva hace que, al faltar las emociones positivas e inspiradoras asociadas al éxito o los logros de los otros, solo nos mueven las emociones negativas. 

De ahí que las redes sociales, y la hiperconectividad, despierten en las personas los instintos más bajos, representados por los siete ”pecados capitales”: soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza. 

Claramente la falta de regulación y de autorregulación es terreno abonado para que los límites se diluyan y se permitan comportamientos y situaciones sin atisbo de moralidad.

El hecho de la sobreexposición digital plantea enormes interrogantes sobre la calidad de las conexiones emocionales en un escenario donde lo privado se vuelve público y la línea entre la realidad y la representación se difumina. 

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Este último hecho está cogiendo cada vez más relevancia gracias al auge de las inteligencias artificiales, capaces de crear personas y comunicaciones que hoy en día son difíciles de identificar si son reales o están hechas a través de IA. Esto añade aún más confusión emocional y moral en nuestras sociedades avanzadas.

Un Gran Desafío Para los Más Mayores

Al igual que hemos visto que las tecnologías son el día a día de las generaciones más jóvenes, estas representan un desafío mayúsculo para la gente más mayor, marcando una brecha generacional que a menudo se traduce en obstáculos tanto prácticos como emocionales. 

Adaptarse a la era digital implica sortear una serie de barreras que pueden afectar la calidad de vida y la participación plena en la sociedad.

En primer lugar, la velocidad con la que las tecnologías evolucionan puede ser abrumadora para quienes no han crecido con ellas. La introducción constante de nuevos dispositivos, aplicaciones y términos tecnológicos puede generar confusión y frustración entre la gente mayor, que se siente desafiada para mantenerse al día. 

Según Eurostat en 2020, alrededor del 38% de los ciudadanos de la Unión Europea de 65 a 74 años nunca habían utilizado Internet, lo que indica una brecha digital significativa.

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Adaptación al mundo tecnológico

La falta de familiaridad con interfaces digitales y la navegación en línea puede convertirse en un obstáculo práctico y laboral. Tareas cotidianas, como realizar transacciones bancarias, acceder a servicios de salud en línea o comunicarse con familiares a través de plataformas digitales, pueden resultar difíciles de manejar, dejando a algunos en una posición de desventaja en la era de la información. Hoy en día, o sabes adaptarte, o estás abocado a la renuncia de muchos servicios.

Sin embargo, el impacto negativo de las nuevas tecnologías en los mayores no solo ha sido a nivel funcional. A nivel emocional encontramos la llamada brecha de la sociedad digital. 

Mientras que las nuevas tecnologías conectan a las personas en todo el mundo, también pueden aislar a aquellos que no están familiarizados con ellas. La exclusión de eventos sociales en línea, la participación limitada en conversaciones digitales y la dificultad para conectarse con familiares y amigos que dependen principalmente de herramientas digitales pueden contribuir a la sensación de aislamiento.

Un estudio realizado por Age UK en 2018 sugirió que más de 1.2 millones de personas mayores en el Reino Unido se sienten solas y que la falta de habilidades digitales contribuyó significativamente a esa sensación de aislamiento social, ya sea de manera directa o indirecta.

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El hecho de no saber adaptarse a las nuevas tecnologías puede derivar en problemas a nivel mental como ansiedad, estrés, tristeza, resignación, etc. El sentimiento de obsolescencia, de vejez y de inutilidad que acompaña a la falta de habilidades informáticas, en muchos casos, acaba desencadenando problemas físicos, mentales y emocionales severos. 

Conclusión

En la alfombra tejida por la era digital, la juventud se sumerge en un mar de conectividad instantánea, diluyendo su individualidad y su privacidad, desdibujando límites y ampliando horizontes que no siempre son reales. Sin embargo, este crecimiento digital descontrolado no es ajeno a  contradicciones e incluye desafíos como la autenticidad de las interacciones, los aspectos éticos y morales del anonimato y la crueldad de una brecha generacional palpable.

Para las generaciones mayores, el desafío de adaptarse a la rapidez tecnológica es innegable. La velocidad del cambio y la complejidad de las interfaces crean obstáculos, no solo funcionales, sino también emocionales. La exclusión digital se traduce en aislamiento y afecta tanto la calidad de vida como la salud mental.

En este viaje, la adaptación es crucial, pero preservar la esencia humana en un mundo digitalizado es igualmente fundamental. En el entrecruce de estas experiencias, el equilibrio entre lo tecnológico y lo humano traza el camino hacia un futuro donde la conectividad enriquezca, no relegue, nuestras relaciones.

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