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Programas Asociados al Carácter: Nerviosismo, Pereza, Control y Descontrol

Nuestra personalidad y carácter están moldeados por una compleja interacción de factores genéticos, de crianza y de experiencias de vida. Sin embargo, algunos de los programas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida pueden no ser beneficiosos para nuestra salud física y mental.

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A continuación vamos a hablar de tres de estos programas, que hemos asociado erróneamente al carácter: el nerviosismo, la pereza y la necesidad de control o descontrol, así como su impacto en nuestras vidas.

El Nerviosismo: Una Fuente Inagotable de Estrés

El nerviosismo es un programa comúnmente asociado al carácter que algunos consideran intrínseco y parte de su personalidad. Quién no ha escuchado frases como “yo es que soy muy nerviosa, no puedo estar quieta”. 

Estas personas se refieren, con esa descripción, a su tendencia a hacer descargas de las suprarrenales frecuentes, generando una bioquímica tóxica en su día a día, en busca de un poco de energía extra.

Uso excesivo de la energía nerviosa

Si bien la energía nerviosa puede ser útil en momentos de urgencia, su uso constante termina siendo perjudicial para el organismo. Cuando recurrimos al nerviosismo constantemente, estamos agotando nuestro sistema nervioso de manera innecesaria. 

Si se perpetúa el estado de nerviosismo, es frecuente que las personas que lo padecen terminen teniendo, además, problemas digestivos, insomnio, dolores de cabeza o de espalda y tensión alta.

El uso excesivo de la energía nerviosa no solo afecta nuestra salud a largo plazo, sino que también tiene un impacto en las personas que nos rodean. El nerviosismo es altamente contagioso, y nuestras reacciones nerviosas pueden generar un ambiente de estrés en nuestro entorno lo que puede influir en la salud mental de los demás y afectar nuestras relaciones.

Es cierto que nuestro sistema educativo nos enseña desde pequeños a estar nerviosos frente a la enorme cantidad de tareas a realizar y exámenes por pasar, y que esta tendencia se termina de consolidar en el mundo adulto, con sus prisas y exigencias.

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Pero una mejor planificación y, desde luego, la eliminación de este patrón limitante, harán que nuestra vida disponga de mucho más tiempo de calidad, para disfrutar, para dedicar a nuestros seres queridos o a nosotros mismos, o simplemente para descansar.

La Pereza: La Falta de Acción y su Efecto en la Energía

Por otro lado, la pereza es otro programa erróneamente asociado al carácter que afecta la forma en que utilizamos la energía en nuestro cuerpo. La gente perezosa tiene muy poca energía. 

Esto es debido a que, en las personas perezosas, el cuerpo prepara energía que no va a ser utilizada y se desperdicia, lo cual contradice nuestra configuración biológica de supervivencia, que siempre busca optimizar el uso de la energía. 

Con el tiempo, esto puede llevar a una disminución de la energía disponible para realizar tareas importantes y disfrutar de la vida. Es decir, el cuerpo, se adapta para evitar que le sobre energía y deja de producirla.

La pereza, y su repercusión en nosotros

La pereza puede tener un impacto negativo en nuestra productividad y en nuestra capacidad para alcanzar metas. A menudo, las personas con este programa encuentran mayores dificultades para superar la inercia y llevar a cabo acciones necesarias. Esta falta de acción puede limitar el crecimiento personal y la satisfacción en la vida.

Además, la pereza es uno de los patrones limitantes que más afectan a nuestra autoestima, dado que, cada vez que decimos que vamos a hacer algo y procrastinamos, estamos fallándonos a nosotros mismos. Las personas perezosas terminan perdiendo el respeto por sí mismos y el de los demás.

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La Necesidad de Control y el Descontrol: Un Bucle Mental Agotador

La necesidad de control y su contraparte, el descontrol, forman otro conjunto de programas asociados al carácter que son altamente perjudiciales, ya que afectan negativamente a nuestra salud física y mental, a nuestras relaciones, y a nuestra productividad . Este programa se manifiesta con fuerza cuando intentamos controlar, sin éxito,  aspectos de la vida, como con nuestros hijos durante la adolescencia.

Este bucle mental de intentar controlar todo, pero sentir que todo está fuera de control, puede ser emocionalmente agotador. Consumir una gran cantidad de energía mental en el intento de controlar cada detalle de la vida puede generar estrés y ansiedad. A menudo, esta necesidad de control puede interferir con nuestra capacidad para disfrutar del presente y adaptarnos a las situaciones cambiantes.

Controladoras vs descontroladas

Además, las personas controladoras son percibidas, a menudo, como grandes manipuladoras, y su necesidad insaciable de control las convierte en personas tóxicas y difíciles de tratar.

Por otro lado, las personas descontroladas, aunque suelen ser de trato más fácil, afable y tolerante, imprimen a menudo un caos a sus propias vidas y las de los demás, que resulta agotador.

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Y, por último, cuando una persona tiene ambos programas juntos, el de control y descontrol, convierte su cerebro en una batalla campal, que le deja agotado, frustrado y muy infeliz. 

Conclusión

Desde Método SOMA creemos que los programas asociados al carácter tienen un impacto altamente significativo en nuestras vidas. Si bien algunos de ellos pueden parecer intrínsecos y representativos de quiénes somos, y nos hemos acostumbrado a ellos, es importante reconocer cuando estos programas no nos benefician. 

Algunos estos programas que creemos, erróneamente, que no se pueden cambiar son: el nerviosismo constante, que agota nuestra energía y crea un ambiente estresante en nuestras vidas y relaciones; la pereza, que puede limitar nuestra productividad y satisfacción personal al evitar que aprovechemos al máximo nuestra energía; y la necesidad de control y el descontrol, que forman un bucle mental agotador que puede interferir con nuestra capacidad para adaptarnos y disfrutar de la vida.


¿Cómo salir de estos bucles negativos?

La clave para liberarse de estos programas no beneficiosos es el autoconocimiento y la autorreflexión. Reconocer cuándo estos patrones están afectando negativamente nuestras vidas es el primer paso para el cambio. A medida que trabajamos en equilibrar nuestra energía y liberarnos de la necesidad excesiva de control, podemos experimentar una vida más saludable y satisfactoria.

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En última instancia, no se trata de eliminar por completo estos programas de nuestro carácter, sino de aprender a utilizarlos de manera más equilibrada y consciente. Al hacerlo, podemos disfrutar de una vida más plena y saludable, enriqueciendo nuestras relaciones y mejorando nuestra calidad de vida en general.

Si te ha resultado interesante este tema, puedes ver el siguiente vídeo donde Sara Romero, la creadora del Método SOMA, nos habla sobre los programas mentales que asociamos al carácter.

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